martes, 6 de abril de 2021

TEMA 10

 10b. PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS



Desde la Edad Media el régimen más común de propiedad de la tierra fue la amortización; vinculados a una persona jurídica. Esta situación se ratificó en España con las Leyes de Toro de 1505, en las que se instituyó el mayorazgo para evitar la pérdida de poder económico de la nobleza.

Las doctrinas fisiocráticas de la Ilustración criticaron este régimen de propiedad por considerarlo poco racional y un lastre para la modernización de las explotaciones. Además, lamentaban que los campesinos no pudieran adquirir la propiedad de las tierras que cultivaban. El remedio para la situación pasaría porque el Estado se haría con las tierras amortizadas y las pondría en venta, planteamiento que los liberales decimonónicos compartirían entendiéndolo como un elemento clave para la desaparición del Antiguo Régimen y para la generación de una riqueza que permitiría el saneamiento de la Hacienda Pública. Para ellos el único modo de hacer del campo una fuente de ingresos era una reconversión del mundo agrario pasando por una modificación de la estructura de la propiedad. Desde estos planteamientos, el liberalismo acometió las desamortizaciones, estructuradas en dos pasos: a) la nacionalización, con o sin indemnización, de los bienes de “manos muertas”; b) la venta de estos bienes a propietarios individuales.

Las grandes desamortizaciones tuvieron importantes antecedentes en España, que parten desde la Real Provisión del conde de Aranda en 1766, que permitió el alquiler de tierras de propiedad municipal a los vecinos más necesitados, pero al tratarse de alquileres, no puede considerarse como una verdadera desamortización. El primer proceso de nuestra historia que podemos considerar como desamortizador en sentido estricto fue la denominada desamortización de Godoy, que fue una solución a los problemas crónicos de la Hacienda española durante el reinado de Carlos IV, estuvo aplicada durante diez años hasta su paralización por Fernando VII.

Ya durante la Guerra de la Independencia, tanto las autoridades francesas como los liberales gaditanos aprobaron diversas medidas desamortizadoras, esas medidas se paralizaron con el retorno de “El Deseado” y la promulgación de los Decretos de Valencia en 1814. Por último, precedente inmediato de las desamortizaciones isabelinas fueron las disposiciones promulgadas en este sentido durante el Trienio Liberal y recogidas en Decretos aprobados en octubre de 1820.

Fallecido Fernando VII en 1833, distintas causas hacen que el proceso desamortizador alcance sus mayores proporciones en el Reinado de Isabel II, destacamos la necesidad que tiene María Cristina de conseguir fondos para afrontar la guerra contra los carlistas.

La primera gran desamortización corresponde a Mendizábal. Desde la cartera de Hacienda Mendizábal será responsable de la denominada desamortización eclesiástica de 1836. En el Preámbulo del texto legal que la desarrolló se recogen sus objetivos socioeconómicos, financieros y políticos, entre los que destaca: permitir a los campesinos el acceso a la propiedad, conseguir fondos que permitieran el sostenimiento de la guerra y el pago de la deuda pública que debía afrontar el gobierno etc.

MENDIZABAL
El proceso comenzó con el Decreto de 11 de octubre de 1835 que ordenó la exclaustración general de los conventos y la disolución de todas las Órdenes religiosas, con excepción de las dedicadas a la enseñanza y la asistencia hospitalaria; tras ello los bienes y rentas de estas Órdenes suprimidas quedarían afectados por el Decreto de 19 de febrero de 1836.

Convertidas en bienes nacionales, las propiedades eclesiásticas fueron vendidas en subasta pública, la gran mayoría de las tierras las compraron nobles o burgueses adinerados, por lo que el objetivo de permitir el acceso a la propiedad a los campesinos nunca se consiguió. La desamortización de Mendizábal fue relevante, primero por su volumen, en segundo lugar, por la rapidez con que se realizó y, sobre todo, porque significó la irreversibilidad del proceso de cambio en la estructura de la propiedad. La desamortización mendizabalista continuó durante la Regencia de Espartero, aunque con el acceso al trono de Isabel II los nuevos gobernantes moderados la detuvieron en un intento de recuperación de las buenas relaciones con la Iglesia que acabaría plasmándose posteriormente en el Concordato de Bravo Murillo de 1851.

Durante el bienio esparterista (1854-1856) y los progresistas de nuevo en el poder se reanudó la política desamortizadora impulsadas por Madoz en 1855. Un Decreto de 3 de mayo de 1855 establecía la venta de toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes en general a todos los bienes que permanecieran amortizados, a esta desamortización de Madoz se ha llamado desamortización “civil”, por comparación con la “eclesiástica” de 1836; Esta desamortización estuvo vigente, salvo el período entre octubre de 1856 y 1858, hasta su anulación en 1924 y las cantidades recaudadas se emplearon en cubrir el déficit presupuestario del Estado, amortizar la deuda, realizar importantes obras públicas etc
MADOZ
Las consecuencias de los procesos desamortizadores, hemos de indicar, en primer lugar, las repercusiones económicas; se produjo el ingreso de más de 14.000 millones de reales en la Hacienda Pública. En segundo lugar, aumentó la concentración de tierras en pocas manos, se incrementó la superficie cultivada y la producción agraria, aunque parte de los nuevos propietarios invirtieron en la mejora de la productividad e incentivaron la especialización de cultivos. Como aspecto negativo, se causó deforestación ante la tala de árboles para aumentar las tierras de labor u obtener un beneficio inmediato con la venta de la madera.

En las consecuencias sociales, no se formó una amplia clase media agraria, el proceso desamortizador ayudó a la sustitución de la estructura señorial heredada del Antiguo Régimen por otra capitalista, las desamortizaciones fueron un factor importante en la consolidación de las clases medias urbanas.

Por otro lado, la expropiación de los bienes de propios, baldíos y comunes empobreció a los Ayuntamientos, al tiempo que la privatización afectó negativamente a la economía. Por otro, se ocasionó el desmantelamiento casi por completo del poder económico de la Iglesia, por último, se originó la exclaustración de miles de religiosos.

Entre las consecuencias políticas tenemos que destacar que los beneficiados por las desamortizaciones fueron una masa de incondicionales a la causa liberal, aunque el polo opuesto se mostraban más afines a la Iglesia. Igualmente , se produjo tensiones entre la Iglesia y el Estado liberal. No obstante uno de los objetivos de la desamortización fue la creación de una nueva clase de pequeños y medianos propietarios rurales adeptos al régimen liberal.


TEMA 8-9

 8-9. GUERRA COLONIAL


El primer conflicto se denomina la Guerra Grande (1868-1878). Iniciada días después de la “Gloriosa Revolución”, el descontento en Cuba por la política de la metrópoli venía de lejos, sobre todo entre los dueños de las plantaciones azucareras, a los que se unió una alta burguesía, cuyos intereses económicos pronto chocaron con los de la tradicional “sacarocracia”. Durante el gobierno de la Unión Liberal (1858-63) se creó en España una comisión para buscar salida a este enfrentamiento y estudiar las reformas para la isla, pero sus escasos resultados llevarían a los sucesos de 1868. A este malestar se unen causas políticas con otras socioeconómicas. A estos motivos habría que añadir los duros efectos de las crisis económicas de 1857 y 1866. En este escenario prendería con fuerza la llama de la sublevación.

Esta Guerra se inició con el ‘Grito de Yara’, el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes. La guerra puede calificarse de un movimiento anticolonial y también antiesclavista. Este carácter hizo que los ricos hacendados de su parte más occidental se desentendieran del conflicto, anteponiendo sus intereses económicos al independentismo. Los rebeldes nombraron un “gobierno en armas” y aprobaron para organizarse un texto constitucional en la Asamblea de Guáimaro. De este modo, el conflicto bélico se prolongó en el tiempo, desgastando por igual a ambos contendientes.

Finalmente, fue decisiva la intervención para poner fin a la contienda del general Martínez Campos, capaz de negociar con los insurgentes la Paz de Zanjón (10 de febrero de 1878).

MARTINEZ CAMPOS

La Paz no satisfizo a parte de los insurrectos, lo que originó la “Protesta de Baraguá”, en la que Antonio Maceo manifestaba su descontento al general Martínez Campos, y después el levantamiento militar que trascurre entre agosto de 1879 y septiembre de 1880; es la denominada “Guerra chiquita”, cuya conclusión no supuso una reducción de la tensión, que acabaría estallando quince años después.

Tras la firma de la Paz de Zanjón los cubanos quedaron a la espera de las reformas prometidas por las autoridades españolas, entre las que destacaban la libertad de comercio o la abolición de la esclavitud que soportaban la mayor parte de los trabajadores negros de las plantaciones e ingenios azucareros, la posibilidad de constituir partidos políticos fraguó en la creación de dos grandes formaciones, la Unión Constitucional un partido españolista y el Partido Autonomista, integrado esencialmente por cubanos.
PAZ DE ZANJ ÓN

Sin embargo, y a pesar de proyectos notables como la ineptitud de los políticos españoles fue radicalizando los ánimos en Cuba, donde las posiciones autonomistas se vieron desbordadas por las de quienes abogaban por una independencia plena; a este fin apareció, impulsado por José Martí, el Partido Revolucionario Cubano, defensor de la emancipación, para lo que buscó y rápidamente encontró el apoyo de los Estados Unidos.

La guerra de emancipación estalla el 24 de febrero de 1895 con el ‘Grito de Baire’, instigada desde el exterior por Antonio Maceo y, sobre todo, Máximo Gómez y José Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano. Fallecidos Martí y Maceo, serían Gómez y Calixto García los principales dirigentes de los sublevados, sobre los que no causó gran efecto la política de conciliación encomendada una vez más a Martínez Campos. Como la contienda proseguía y las enfermedades diezmaban las tropas españolas, Cánovas encomendaba al general Weyler una política represiva, que incluyó la concentración de campesinos en asentamientos custodiados y la aplicación de penas de muerte. Con estas medidas represivas Weyler obligó a los insurrectos a refugiarse en las áreas montañosas, aunque no logró acabar con el conflicto. Sagasta ocupa la Presidencia después del asesinato de Cánovas, reemplazó a Weyler por Blanco y aprobó distintas medidas para intentar calmar los ánimos, leyes que llegaban demasiado tarde, pues los Estados Unidos estaban a punto de desatar la guerra hispano-estadounidense, que supondría para España la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
WEYLER

Ya señalamos anteriormente los factores económicos e ideológicos que alentaron el intervencionismo estadounidense, hasta el punto de haber presentado hasta cuatro ofertas de compra de la isla a España, todas desoídas por los gobiernos de Madrid. No obstante, el Congreso norteamericano fue endureciendo su postura haciendo una intervención militar directa que se haría realidad ya con McKinley en la Casa Blanca. Tras un último rechazo español a una posible venta de la isla, Washington presentó una declaración de guerra que se resolvería en el mar, siendo derrotada la flota española por el comodoro Schley en el puerto de Santiago de Cuba. El 12 de agosto se firmaba el ‘Protocolo de Washington’, un armisticio previo a la Paz de París.
PROTOCOLO DE WASHINGTON


La guerra contra los Estados Unidos tuvo otro escenario en el Caribe: Puerto Rico, bajo las órdenes del general Nelson A., luchando contra los españoles en diversos combates, como los de Yauco o Asomante, hasta que se llegó a la rendición de España tras el reconocimiento de sus derrotas en Cuba y Filipinas.

En paralelo con el conflicto de Cuba se produjo la rebelión de las islas Filipinas. Los movimientos independentistas y de protesta contra el excesivo poder de estas Órdenes lo canalizó la ‘Liga Filipina’, fundada por José Rizal en 1892. Detenido Rizal, Andrés Bonifacio, tomaría el testigo independentista tras fundar el Katipunan, Rizal sería detenido el general Camilo García de Polavieja, juzgado y fusilado el 30 de diciembre de aquel mismo año. Fraccionados los rebeldes por las disputas internas entre quienes defendían el liderazgo de Emilio Aguinaldo y los que apostaban por el propio Bonifacio, la llegada a la Capitanía General de Filipinas de Fernando Primo de Rivera supuso una pacificación momentánea, plasmada en el acuerdo de Biak-na-Bató, la paz fue efímera y las hostilidades no tardaron en reanudarse; en el los insurgentes filipinos volvieron a la carga, liderados por Aguinaldo, quien proclamó la independencia el 12 de junio de 1898, una declaración sólo simbólica como se vería en la Paz de París, ni España ni los Estados Unidos la reconocieron, quedando Filipinas en manos norteamericanas hasta 1946.

La rendición española se plasmó tras diferentes negociaciones en el Tratado de París (10 de diciembre de 1898); España renunciaba definitivamente a su soberanía sobre Cuba y cedía a los Estados Unidos Puerto Rico, la isla de Guam y las Filipina. El Tratado supuso un gran salto adelante para el imperialismo estadounidense, aunque la actitud de Washington defraudaría las expectativas tanto de los independentistas portorriqueños, los tagalos filipinos; mejor suerte corrieron los cubanos, que si bien quedaron inicialmente sometidos a un “gobierno de intervención” norteamericano. En cuanto a España, la rápida derrota y la escasa resistencia ofrecida al enemigo, más la dureza de las condiciones impuestas por los vencedores, suscitaron una profunda polémica y acentuaron el proceso que conocemos como crisis de 1898.
TRATADO DE PARÍS


lunes, 5 de abril de 2021

TEMA 1

1. LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LOS PRIMEROS HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA MONARQUÍA VISIGODA (711)

En la presente unidad abarcamos un largo periodo histórico que va desde los primeros homínidos que habitaron la Península Ibérica hasta el inicio de la conquista musulmana (711).Hemos de diferenciar primero entre una fase que no cuenta con documentos escritos (Prehistoria) y otras en la que los datos escritos y la escritura están presentes (Edad Antigua y periodo visigodo).

La Prehistoria es el período donde se desarrolla un proceso de hominización, que va desde la aparición de la primera especie con caracteres humanos (Australopitecus), hasta la aparición de la escritura. Esta fase se estructura en 4 etapas: paleolítico, mesolítico, neolítico y edad de los metales.

El Paleolítico es una etapa de forma de vida depredadora, se caracterizada por la “piedra vieja” que se divide en tres periodos. En el Paleolítico Inferior los seres humanos viven en pequeños grupos al aire libre y se alimentan de la caza; se extiende hasta el 90.000 a.C. aprox., se han hallado restos como cantos afilados y bifaces (cultura achelense). Durante el Paleolítico Medio (hasta el 35.000 a. C. aprox.) se advierte la presencia del Hombre Neanderthal quién tuvo que adaptarse a un clima frío y riguroso, refugiarse en cuevas, aunque todavía eran nómadas y vivían de una economía depredadora; entre los años 45.000 y 35.000 se han hallado restos en la Sima de las Palomas (Murcia) o El Sidrón (Asturias), A este período le siguió el Paleolítico Superior, donde se encontraba un clima más benigno y finalizó en torno al 9.000 a.C.; en este momento aparece el Homo Sapiens, lo que conlleva un perfeccionamiento de sus útiles y fabrica utensilios de hueso; también aparecen las primeras manifestaciones artísticas en la Península Ibérica como la pintura rupestre y el arte mobiliar. Estas pinturas tenían lugar en las zonas más profundas de las cuevas, sobresaliendo entre ellas la de Altamira (Cantabria)

EVOLUCIÓN

Hacia el 9.000 a.C. finalizó la última glaciación; el clima obligó a una nueva adaptación de los seres humanos, que iniciaron una nueva etapa denominada Neolítico, caracterizada por la aparición de una economía productiva, también se caracteriza por el utillaje de la piedra pulimentada, pero sobre todo por la sedentarización, el inicio de la agricultura y de la ganadería y por la aparición de la cerámica cardial En este nuevo poblamiento empieza a observarse el inicio de cierta jerarquización social. Los primeros asentamientos se encuentran en Cataluña, extendiéndose a Levante y Andalucía posteriormente, se utiliza una cerámica lisa e impresa. En cuanto al arte pictórico, se desarrolla la pintura levantina, basada en dibujar a animales y seres humanos en movimiento, danzas, y en escenas de forma esquemática encontrado en sitios como Valltorta (Castellón), La Araña (Valencia), o Cogull (Lérida)

CERÁMICA CARDIAL

Desde el V milenio a.C. se desarrolla la metalurgia, denominándose Edad de los metales, que se divide en tres etapas. Durante la Edad del Cobre se produjo una gran diferenciación entre los pueblos que poseían los metales, que fueron los dominantes, y los que no; todo ello se vio favorecido por la los yacimientos mineros en la Península Ibérica. Con las creencias espirituales se vinculará la aparición del megalitismo que consistente en la erección de grandes construcciones de megalitos. El monumento más sencillo fue el menhir pero más elaborados fueron los dólmenes que eran de carácter funerario. La existencia de intercambios mercantiles es demostrable con los restos de cerámica campaniforme notables en yacimientos como los de Ciempozuelos (Madrid). Finalmente esta etapa se ubica una cultura caracterizada por sus necrópolis y sus poblados amurallados y que se extendió entre las actuales provincias de Almería y Murcia.

DOLMEN
En la Edad del Bronce se empleó un nuevo metal para la fabricación de armas y objetos suntuarios. Entre el Bronce final y los inicios de la Edad del Hierro se desarrolló en las Islas Baleares la cultura talayótica, definida por sus típicas construcciones megalíticas. Ya en el Bronce final (1100-700 a. C.)  Andalucía vive una extensión de las prácticas pecuarias, a la vez que se generaliza las estelas funerarias; en la zona occidental de la región se intensificarán los contactos con el Mediterráneo, lo que llevó al desarrollo de la cultura de Tartessos.

La Edad del Hierro se inició en el sur de la Península Ibérica, suponiendo una mejora del utillaje laboral y del armamento, además, se confirma la presencia de pueblos colonizadores, que aportaron la base fundamental, el conocimiento de la escritura, para que nos adentremos en la Historia.

Durante el I milenio a. C. aparecen las primeras referencias escritas sobre los pueblos que poblaban la Península Ibérica. Podemos dividir los pueblos prerromanos en dos grandes grupos, los pueblos celtas, surgidos del sustrato indoeuropeo y extendidos por la vertiente atlántica y cantábrica, y los íberos, asentados a lo largo de la fachada mediterránea e influidos por los colonizadores con más rapidez e intensidad que los primeros, además de haber desarrollado la primera civilización histórica de la Península, Tartessos.

Hacia el siglo VIII a. C. Tartessos aparece como una importante civilización, influenciada por griegos y fenicios, heredera de la cultura desarrollada en el oeste andaluz durante el Bronce final, y extendida por Andalucía occidental, por la Baja Extremadura y la Meseta Sur. Este estado contaba con yacimientos arqueológicos, fue una sociedad jerarquizada, basada en un sistema económico de una rica agricultura, ganadería, y pesca, junto a un activo comercio exterior. En el último cuarto del siglo VI a. C. las referencias a Tartessos disminuyen, lo que pudo haber una alteración de las relaciones comerciales con Oriente y que podía haber causado problemas sociales y la fragmentación territorial de la civilización tartésica, a lo que pudo unirse el agotamiento de los recursos minerales hasta acabar siendo reemplazada por la cultura de los pueblos turdetanos. 

Los pueblos celtas entraron en la Península a partir del 1.100 a. C.; conocedores de la metalurgia, belicosos y practicantes de una agricultura y ganadería rudimentarias, procedían del centro de Europa y se asentaron, en dos oleadas diferentes, en el área del Cataluña y el Ebro primero, y en la Meseta, la cornisa cantábrica y el noroeste peninsular. No tenía moneda ni escritura, pero sus ajuares formados por armas y sus poblados fortificados (castros) denotan el carácter guerrero de este pueblo en una sociedad patriarcal. Contactaron con los íberos conformando los pueblos celtíberos; estos últimos se extendían por Extremadura y las actuales provincias de Salamanca y Ávila; eran un pueblo ganadero que innovó unas esculturas zoomórficas llamada la cultura de los verracos. 

Algunos pueblos íberos, se extiende entre Andalucía hasta el sur de Francia, ocupando toda la franja mediterránea. Su base económica era la agricultura, que completaban con la ganadería, la metalurgia, la minería y el comercio con griegos, fenicios o cartaginenses y practicaban la incineración y de sus creencias religiosas derivan la existencia de santuarios y una creaciones artísticas.

                                             ¿QUIENES ERAN LOS IBEROS?

Igualmente, se debe incluir la referencia a los vascones; habitantes de la zona actual del País Vasco, Navarra y suroeste de Francia, los consideran los pobladores peninsulares más antiguos; vivían de una agricultura y ganadería no muy desarrolladas y destacaban por el papel de la mujer.

La colonización fenicia puede datarse entre los siglos VIII al VI a.C aunque pudo ser anterior si admitimos su fundación de Gadir (Cádiz). Las principales factorías fenicias fueron Abdera (Adra), Sexi (Almuñécar) y Malaca (Málaga); desde ellas enseñaron diversas cosas.

De la colonia Focea de Massalia (Marsella) llegaron los colonizadores griegos que se establecieron primeramente a inicios del siglo VI a. C. Su modelo de ocupación fue doble; por un lado factorías comerciales al modo de las fenicias, 
y por otro colonias de poblamiento, como Ampurias, aportaron técnicas agrícolas, especies animales (gallinas, asno) y prácticas industriales como la salazón de pescado o determinadas formas de fabricación textil. De todos modos su presencia no fue muy dilatada en el tiempo, pues la derrota en la batalla de Alalia los desplazó del comercio mediterráneo en beneficio de los cartagineses. 

Cartago, era una colonia fenicia, que sustituyó en el comercio del Mediterráneo central y occidental, convirtiéndose en una potencia de primer orden. En la Península Ibérica controlaron poblaciones costeras ya existentes. Pero su enfrentamiento con Roma y la pérdida en la Primera Guerra Púnica de islas como Sicilia, Cerdeña y Córcega les convencieron de la necesidad de dominar los territorios peninsulares. Amílcar Barca conquista el sur y sudeste, expansión mantenida por su yerno Asdrúbal, quien unos años después fundaría Cartago Nova (Cartagena). La lucha fue continuada por Aníbal, que  afrontó la conquista de Roma, tras la declaración de la Segunda Guerra Púnica. Aníbal cruzó el sur de Francia y los Alpes y atacó a las tropas romana, venciéndolas. 

Aníbal
Precisamente, Roma envió en el 218 a. C. a un ejército y parte de su flota, al mando de Publio Cornelio Escipión el Africano, para el proceso de conquista de la península Ibérica. Durante una primera fase (218 a.C.-197 a.C.), Roma combatió y venció a los cartaginenses, con ayuda de algunos pueblos íberos, ocupando la costa mediterránea y parte de los valles del Ebro y del Guadalquivir, con el asedio de Cartago Nova (209 a. C.), las batallas de Baecula (208 a. C.), Ilipa o la toma de Gades (206 a. C.) En una segunda fase (197 a.C.-29 a.C.), los romanos conquistaron el centro y el oeste de la Península,  durante varios años se sublevó el líder lusitano Viriato, que fue asesinado (139 a. C.); igualmente, hubo de afrontar el duro asedio de Numancia en territorio celtíbero, que acabó con la destrucción de la ciudad (133 a. C.); Junio Bruto dirigió a partir del 137 a.C. la ocupación del valle del Miño, haciéndose con el territorio gallego; finalmente, se afrontó la ocupación de las Baleares (123 a. C.). A finales del siglo II y primera mitad del I a. C. la conquista se frenó por varias circunstancias, primero fue la lucha contra los hermanos Gracos, luego la entablada entre Sila y Mario, luego, continuaron los enfrentamientos entre pompeyanos y cesarianos, con la victoria de Julio César en Munda (44 a. C.). Tras la muerte de César y la consolidación en el poder, de Octavio Augusto, se afrontó la última fase de la conquista (29 a.C.-19 a.C.); Roma derrota en el noroeste de la Península a galaicos, cántabros y astures, motivando incluso la presencia del emperador en tierras hispanas.

Después de doscientos años, los romanos establecen un periodo de paz, largo y duradero, que facilitó la denominada romanización. Esta romanización abarcaba diversas esferas:

En primer lugar, se efectuó una reorganización político-administrativa, en el 197 a.C. se dividió los territorios de Hispania en la Hispania Citerior, con capital en Tarraco, y la Hispania Ulterior, con capital en Corduba. En época de Augusto, se dividió de la Hispania Ulterior la provincia de Lusitania con capital en Emérita Augusta (Mérida). Con Diocleciano (294 d.C.) se hizo la última de las divisiones, fraccionándose la Lusitania con la creación de Gallaecia (capital Bracara) y la Tarraconense con la de la Carthaginense (capital Carthago Nova), a las que se sumó la Balearica.

HISPANIA

En la población de Hispania, se calcula que aproximadamente había entre tres millones y medio y cinco millones de habitantes. Los romanos trasladaron a Hispania su modelo de sociedad. La primera gran división era entre libres y esclavos. La cúspide social estaba ocupada, por quienes en su condición de ciudadanos romanos disfrutaban de derechos plenos, tras los que se situaban los caballeros y los decuriones. Los artesanos, los campesinos y los comerciantes eran los ciudadanos libres conocidos como plebe; la mayoría se denominaba peregrinos, por no poseer derechos políticos, pero la concesión de la ciudadanía latina y la ciudad romana, convirtieron en ciudadanos a todos los habitantes del Imperio. En cuanto a las mujeres, su condición jurídica era inferior a la de los hombres. En cuanto a los esclavos, no eran sujetos de ningún derecho y estaban sometidos a la autoridad de sus amos.

PIRAMIDE

Con los romanos se desarrolló aún más en la Península la vida urbana. Se fundaron nuevas poblaciones, en cuanto a las ciudades indígenas, la mayoría de sus habitantes eran libres, aunque debían pagar tributos a Roma en metálico, otro tipo de ciudades mucho menos numerosas fueron las libres, exentas del pago de impuestos para compensar su fidelidad. 

Desde el siglo III d.C. comenzaron a producirse los problemas que acabarían con el Imperio Romano, una crisis derivada de diversos procesos, que se inició durante el período de la Anarquía Militar (235-284), superada por Constantino I, décadas después, sigue la división que hace Teodosio del Imperio en Romano de Occidente y de Oriente (395) y la continua decadencia del primero, hasta que los bárbaros apartaron al último emperador, Rómulo Augústulo, el año 476. 
   Rómulo Augústulo

En este contexto llegaron a España distintos pueblos germánicos. Como otros pueblos germánicos, los visigodos fueron un pueblo centroeuropeo. Precisamente, la invasión de suevos, alanos y vándalos en el 409 en la Península, obligó a Roma a ayudarse de la ayuda militar visigoda. Tras la desaparición del imperio romano de Occidente, la presión y derrota final, por parte de los francos en Vouillé (509), obligó nuevamente a los visigodos a trasladarse a la Península, instalando su capital en Toledo.
 
Los visigodos se impondrían en la práctica totalidad de la Península, destacando el reinado de Leovigildo, quien en el último cuarto del siglo VI expulsaría a los suevos de Galicia, fortalecería el poder real, defendería el arrianismo y lograría imponer la hereditariedad sobre el carácter electivo tradicional de la monarquía goda. Con Recaredo, promulgó las leyes que prohibían los matrimonios mixtos y contribuiría decisivamente a la unificación religiosa con su conversión al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589). Durante el reinado de Recesvinto, en el 654 promulgó el Fuero Juzgo o Liber Iudiciorum, un código legal que por primera vez imponía las mismas leyes tanto para hispanos como para visigodos y que en el 681 sería ampliado tras la reforma de Ervigio. Pero ya en el siglo VII las luchas internas y guerras civiles debilitaron la monarquía visigoda, sucediéndose sin cesar los conflictos dinásticos, hasta que en uno de ellos intervinieron tropas musulmanas que en el año 711 derrotaron al último rey visigodo en la batalla de Guadalete. Comenzaba así la historia de la España Islámica.



domingo, 4 de abril de 2021

PRESENTACIÓN

INTRODUCCIÓN

En este blog hablaremos de 3 temas de Historia de 2º de Bachillerato del instituto IES el Tablero de los cuales habrá un examen.

En el primer tema hablaremos del tema 1 llamado: La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía visigoda, la cual no entrara en la PVAU, pero es apropiado estudiarlo para entender los demás temas

En el segundo tema hablaremos del tema 8-9 llamado: La Guerra Colonial, en este caso si que entrara en la PVAU, por lo que debes estudiarlo bien.

En el tercer tema hablaremos del tema 10b llamado: Procesos de desamortización y cambios agrarios, que como el anterior también entrara en la PVAU. 

El examen constara de una primera pregunta donde tendrás que desarrollar el tema que te pidan y a continuación tres preguntas mas donde tendrán un tipo a), que son la pregunta corta, donde se responderá con una o dos palabras y una pregunta  tipo b) donde te preguntaran algo mas concreto donde tienes que desarrollarla un poco mas.



TEMA 10

  10b. PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS Desde la Edad Media el régimen más común de propiedad de la tierra fue la amortización;...