8-9. GUERRA COLONIAL
Esta Guerra se inició con el ‘Grito de Yara’, el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes. La guerra puede calificarse de un movimiento anticolonial y también antiesclavista. Este carácter hizo que los ricos hacendados de su parte más occidental se desentendieran del conflicto, anteponiendo sus intereses económicos al independentismo. Los rebeldes nombraron un “gobierno en armas” y aprobaron para organizarse un texto constitucional en la Asamblea de Guáimaro. De este modo, el conflicto bélico se prolongó en el tiempo, desgastando por igual a ambos contendientes.
Finalmente, fue decisiva la intervención para poner fin a la contienda del general Martínez Campos, capaz de negociar con los insurgentes la Paz de Zanjón (10 de febrero de 1878).
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| MARTINEZ CAMPOS |
La Paz no satisfizo a parte de los insurrectos, lo que originó la “Protesta de Baraguá”, en la que Antonio Maceo manifestaba su descontento al general Martínez Campos, y después el levantamiento militar que trascurre entre agosto de 1879 y septiembre de 1880; es la denominada “Guerra chiquita”, cuya conclusión no supuso una reducción de la tensión, que acabaría estallando quince años después.
Tras la firma de la Paz de Zanjón los cubanos quedaron a la espera de las reformas prometidas por las autoridades españolas, entre las que destacaban la libertad de comercio o la abolición de la esclavitud que soportaban la mayor parte de los trabajadores negros de las plantaciones e ingenios azucareros, la posibilidad de constituir partidos políticos fraguó en la creación de dos grandes formaciones, la Unión Constitucional un partido españolista y el Partido Autonomista, integrado esencialmente por cubanos.
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| PAZ DE ZANJ ÓN |
Sin embargo, y a pesar de proyectos notables como la ineptitud de los políticos españoles fue radicalizando los ánimos en Cuba, donde las posiciones autonomistas se vieron desbordadas por las de quienes abogaban por una independencia plena; a este fin apareció, impulsado por José Martí, el Partido Revolucionario Cubano, defensor de la emancipación, para lo que buscó y rápidamente encontró el apoyo de los Estados Unidos.
La guerra de emancipación estalla el 24 de febrero de 1895 con el ‘Grito de Baire’, instigada desde el exterior por Antonio Maceo y, sobre todo, Máximo Gómez y José Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano. Fallecidos Martí y Maceo, serían Gómez y Calixto García los principales dirigentes de los sublevados, sobre los que no causó gran efecto la política de conciliación encomendada una vez más a Martínez Campos. Como la contienda proseguía y las enfermedades diezmaban las tropas españolas, Cánovas encomendaba al general Weyler una política represiva, que incluyó la concentración de campesinos en asentamientos custodiados y la aplicación de penas de muerte. Con estas medidas represivas Weyler obligó a los insurrectos a refugiarse en las áreas montañosas, aunque no logró acabar con el conflicto. Sagasta ocupa la Presidencia después del asesinato de Cánovas, reemplazó a Weyler por Blanco y aprobó distintas medidas para intentar calmar los ánimos, leyes que llegaban demasiado tarde, pues los Estados Unidos estaban a punto de desatar la guerra hispano-estadounidense, que supondría para España la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
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| WEYLER |
Ya señalamos anteriormente los factores económicos e ideológicos que alentaron el intervencionismo estadounidense, hasta el punto de haber presentado hasta cuatro ofertas de compra de la isla a España, todas desoídas por los gobiernos de Madrid. No obstante, el Congreso norteamericano fue endureciendo su postura haciendo una intervención militar directa que se haría realidad ya con McKinley en la Casa Blanca. Tras un último rechazo español a una posible venta de la isla, Washington presentó una declaración de guerra que se resolvería en el mar, siendo derrotada la flota española por el comodoro Schley en el puerto de Santiago de Cuba. El 12 de agosto se firmaba el ‘Protocolo de Washington’, un armisticio previo a la Paz de París.
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| PROTOCOLO DE WASHINGTON |
La guerra contra los Estados Unidos tuvo otro escenario en el Caribe: Puerto Rico, bajo las órdenes del general Nelson A., luchando contra los españoles en diversos combates, como los de Yauco o Asomante, hasta que se llegó a la rendición de España tras el reconocimiento de sus derrotas en Cuba y Filipinas.
En paralelo con el conflicto de Cuba se produjo la rebelión de las islas Filipinas. Los movimientos independentistas y de protesta contra el excesivo poder de estas Órdenes lo canalizó la ‘Liga Filipina’, fundada por José Rizal en 1892. Detenido Rizal, Andrés Bonifacio, tomaría el testigo independentista tras fundar el Katipunan, Rizal sería detenido el general Camilo García de Polavieja, juzgado y fusilado el 30 de diciembre de aquel mismo año. Fraccionados los rebeldes por las disputas internas entre quienes defendían el liderazgo de Emilio Aguinaldo y los que apostaban por el propio Bonifacio, la llegada a la Capitanía General de Filipinas de Fernando Primo de Rivera supuso una pacificación momentánea, plasmada en el acuerdo de Biak-na-Bató, la paz fue efímera y las hostilidades no tardaron en reanudarse; en el los insurgentes filipinos volvieron a la carga, liderados por Aguinaldo, quien proclamó la independencia el 12 de junio de 1898, una declaración sólo simbólica como se vería en la Paz de París, ni España ni los Estados Unidos la reconocieron, quedando Filipinas en manos norteamericanas hasta 1946.
La rendición española se plasmó tras diferentes negociaciones en el Tratado de París (10 de diciembre de 1898); España renunciaba definitivamente a su soberanía sobre Cuba y cedía a los Estados Unidos Puerto Rico, la isla de Guam y las Filipina. El Tratado supuso un gran salto adelante para el imperialismo estadounidense, aunque la actitud de Washington defraudaría las expectativas tanto de los independentistas portorriqueños, los tagalos filipinos; mejor suerte corrieron los cubanos, que si bien quedaron inicialmente sometidos a un “gobierno de intervención” norteamericano. En cuanto a España, la rápida derrota y la escasa resistencia ofrecida al enemigo, más la dureza de las condiciones impuestas por los vencedores, suscitaron una profunda polémica y acentuaron el proceso que conocemos como crisis de 1898.
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| TRATADO DE PARÍS |






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